viernes, 8 de julio de 2016

Hola!! A continuación les comparto un artículo escrito por el Profesor Dardo Ramírez Braschi, sobre la vida y obra de Manuel Belgrano. Qué lo disfruten...



    En Belgrano se sintetizan los valores que hacen de alguien referente para los demás, transformándose en ejemplo de construcción patria. Aquel camino le costó a Belgrano todo; su salud, su fortuna y su porvenir. Entregó lo mucho que tenía al bien común, a la construcción del nuevo Estado que emergía. Su vocación de servicio dejó atrás todo individualismo.
    Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, hijo de una santiagueña y de un italiano de importantes recursos que logró acrecentar su fortuna en Buenos Aires. Cuando la mayoría de los aspirantes a la Universidad para graduarse en Leyes y Jurisprudencia lo hacían en la Universidad de Charcas o en la de Santiago de Chile, la capacidad económica de Domingo Belgrano permitió que su hijo lo pudiese hacer en Universidades españolas.
Especialista en Economía Política, en las Memorias que escribió como Secretario del Consulado de Buenos Aires y en los artículos escritos en El Correo de Comercio en los años 1810 y 1811, el futuro creador de la Bandera mostró su afinidad por el Derecho y la Economía, lo que lo transformará en un apasionado lector, conocedor de las teorías y doctrinas de aquél entonces.
    Pensando en la economía del Interior del país, escribió en El Correo del Comercio en Septiembre de 1810 lo siguiente: ‘La importación de mercaderías que impiden el consumo de las del país, o que perjudiquen al progreso de sus manufacturas, y de su cultivo, lleva tras de sí necesariamente la ruina de la Nación‘, doctrina económica que dos décadas después tomará Pedro Ferré para defender los intereses correntinos frente a las mezquindades de Buenos Aires.
    Se imaginó un país donde la educación fuese el bastión más resistente; ‘no existe progreso sin enseñanza‘, escribió en su Memoria de 1798. Insistía en la promoción de numerosas escuelas con calidad, por lo que manifestó: ‘Jamás me cansaré de recomendar la escuela y el premio; nada se puede conseguir sin éstos‘. El esfuerzo y el mérito deben ser considerados en todo ámbito educativo.
    El devenir político del Río de la Plata produjo la Revolución que estalló en Mayo de 1810 y encontró en Belgrano una de las espadas más decididas y una pluma sobresaliente sobre las demás, derrochando sabiduría y distinción. La vida pública de Belgrano al servicio de la Patria naciente fue tan sólo de una década, pero de una intensidad y resultados que se proyectaron por siglos.
    No solamente fue uno de los principales doctrinarios y ejecutores de los actos revolucionarios de 1810, sino que comprometió su protagonismo con el deterioro total de su salud, hasta agotar todos sus recursos personales.
    Las luchas americanas fueron para el prócer una contienda interna entre los que querían un autogobierno y los defensores del Antiguo Régimen, una auténtica ‘guerra civil que nos devora‘, como lo escribió en un artículo de la ‘Gaceta‘ ministerial del Gobierno de Buenos Aires, el 2 de Junio de 1813.
    Tempranamente simpatizante de la monarquía como forma de gobierno, observaba en ella la virtud de una rápida organización y la integridad territorial, cuestiones que con el tiempo se convertirán en verdaderos flagelos para el país que nacía. Su adhesión monárquica lo llevará a proponer en el Congreso de Tucumán de 1816 una monarquía constitucional, donde la Ley sujete al rey y a las instituciones reales.
    Aunque tuvo experiencia militar al combatir en las invasiones inglesas a Buenos Aires en 1806 y 1807, siendo abogado lo transformaron en General, porque las exigencias políticas lo demandaban. En la expedición al Paraguay de 1810-1811, pasará por territorio correntino y mancomunadamente con las autoridades locales concretará el cruce del Paraná.
    Pero no será la única vez que visite por Corrientes. En Agosto de 1811 fue destinado por la Junta Grande, junto a Vicente A. Echevarría, a parlamentar acuerdos diplomáticos en Asunción. Antes de navegar el río Paraguay descansó en Corrientes, haciendo lo mismo a su regreso.
    Así pisará suelo en correntino ejerciendo dos facetas: primero, la militar y, luego, la diplomática.
    El año 1820 fue uno de los más convulsionados en el territorio del Río de la Plata; si bien ya se había declarado la Independencia, una sucesión de acontecimientos pronosticaba todavía un futuro incierto.
    Los ejércitos libertadores de San Martín se hallaban en plena campaña en el Oeste del continente, intentando derrocar el poder realista asentado en el Perú; el Congreso constituyente aprobaba en 1819 una Constitución, que será rechazada por los pueblos del Interior; las provincias litoraleñas entraban así en una lucha encarnizada con Buenos Aires, percibiéndose el declive del artiguismo como fuerza efectiva de poder.
    En ese marco de una patria herida que luchaba por ser ella, agonizaba Manuel Belgrano, legendario vencedor de las cruciales batallas de Tucumán y Salta. Casi en el anonimato, sin pompas fúnebres y tan sólo con el acompañamiento de los íntimos, se apagaba la vida de este Grande de la patria el 20 de junio de 1820. Belgrano es hoy uno de los arquetipos más importantes de la construcción de la argentinidad.
Después de casi dos siglos de su muerte, en los tiempos de la política actual, resulta difícil encontrar hombres de un profundo desprendimiento material y espiritual. Es dificultoso hallar referentes como Belgrano en el accionar público de hoy, con vocación de servicio, capaz de hacer de la cosa pública un objetivo sagrado, por pertenecer a todos. De poseer importantes riquezas materiales, luego de pasar por la función pública, terminará sus días en una pobreza franciscana, al extremo que no pudo pagar de su peculio ni el mármol de la lápida que lo identificará en su última morada.
    Manual Belgrano reside sin duda alguna en el Olimpo de la argentinidad, modelo a imitar por las generaciones presentes y futuras, dejándonos un impecable accionar público, recordándonos con su conducta ejemplar en el flamear cotidiano de la Bandera que creó, y que hoy es emblema de su recuerdo y símbolo de la identidad nacional.


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